«La Habana»

La Habana se derrumba y su agonía es larga y silenciosa. No hay conmoción, no hay gritos, no hay víctimas, ni escombros. Hay ruinas.

Una ciudad no es sólo el entramado de calles y edificaciones, sino también memoria. El hombre crea su entorno en función de sus formas de vida;
y las ciudades son origen y consecuencia de su historia. Con la destrucción de una ciudad se pierden referencias y tradiciones.

Este ensayo pretende mostrar La Habana en su cotidianidad; documentar la aniquilación arquitectónica que ha sufrido, y dirigir la mirada
hacia la espera, la distancia, el vacío y la pérdida; elementos constantes en la vida del cubano.

Vivir entre ruinas condiciona. Hace más de medio siglo la ciudad se detuvo en el tiempo, y desde entonces los habaneros viven en estado provisional.
Vivir permanentemente en condiciones que se suponen temporales, ha determinado el modo de vivir de sus residentes. Esta serie quiere mostrar el letargo,
la desidia, el desencanto y el desánimo que prevalecen en Cuba, y que consolidan el inmovilismo de toda la sociedad.

La imagen fija tiene la fuerza de detener un instante del presente y darle una simbología. Esto conlleva a mirar, a reflexionar.
No quiero reproducir la imagen trivial de La Habana publicitada en los medios y las guías turísticas. No pretendo en absoluto
dar una imagen frívola de la destrucción. El desmoronamiento de La Habana es ante todo una tragedia, muy a pesar de lo fotogénicas
que resulten sus ruinas.

El ensayo aspira a ser un testimonio de esta Habana; a retratar su cotidianidad sin violentarla. Que mis fotos sean, más que composiciones, miradas;
y muestren cómo ese deterioro dicta el presente y la visión de futuro de sus habitantes. Quiero continuar este inventario en imágenes antes de la
democratización de Cuba, y quizás con ello contribuir a que no se pierda ni se falsifique este pedazo de su historia.

La Habana 2009 - 2012