«Los Habaneros»

Los Habaneros no me sonríen. Ni una mano extendida, ni un „En qué puedo ayudarle?“.
Me miran con recelo; a mi cámara con miedo. Es evidente que no soy „a friend“,
no busco fotos-pancartas: Niños sonrientes en uniforme escolar, señoras fumando tabaco,
la Plaza Cívica con Guevara al fondo, un trombón en la azotea, un Cadillac Eldorado posando
en Malecón, cuatro que juegan dominó, alguien canta y toca las maracas: «Chan chan...»,
banderitas de papel ondean al viento: «Yo soy Fidel!», en fin, eternas sonrisas.

Pero hay excepciones, muchas incluso. Habanero es también el hombre bajito que
camina por Galiano, ve mi cámara, se detiene y posa para mí sin ocultar su tristeza.
Frente al cine Actualidades está parado un joven que viste una camisa azul, tiene un
Popular entre los dedos y los ojos llenos de vacío. En la Gran Logia Masónica una
señora mayor se llevará para vender una bolsa llena de potes desechables. Los soldados
rasos que van en retirada después del desfile en un día insólitamente lluvioso y nublado.
El sesentón en camisa polo roja que sube por Belascoaín abrumado por una inmensa pena.

«Los Habaneros» es desesperanza. Aquel descamisado sentado a la mesa de un taller de
artículos ortopédicos, que apoya su mano en la cabeza y mira hacia afuera.
Qué piensa? A qué aspira? Qué sentido encontrará a su existencia más allá de esperar
a que se disipe ese vaho caliente y pegajoso que despide La Habana?


La Habana 2009 - 2012