OLIMPIA
No más atravesando la entrada del edificio Solís, en los límites al sur del Vedado, escucho un lamento colectivo. Todo se ha oscurecido. Subo por las escaleras y por suerte, desde el primer piso entra una bocanada de luz que atraviesa la ventana del vestíbulo e ilumina el pequeño jardín de Lupe. El pasillo que conduce a los apartamentos es largo, estrecho y ahora también muy oscuro. No veo nada. Después de más de seis décadas sin inversiones sustanciales en la red eléctrica, las averías en las ocho centrales termoeléctricas de la isla se producen casi a diario. Horas y hasta días pasa la población sin corriente, sobre todo en las provincias.
Por suerte, siempre llevo una pequeña linterna y consigo ver los números en las puertas. Hoy visitaré a Olimpia, que, junto con Ileana, Merceditas y Lupe, es una de las chicas del Tai Chi. Hemos acordado que estaré en su apartamento a las 8 en punto de la mañana, y aquí estoy. «Bonjour, Madame!» Dice al abrir la puerta con una gran sonrisa. Ella es luz. Para ser tan de mañana, ya se ha puesto muy bonita. El pelo entrecano, en combinación con su tez aceitunada, aporta un toque de sofisticación y realza un sutil rasgo oriental de su rostro. Olimpia ya está colando café y me brinda unas rebanadas de un cake con frutos secos que ella misma hizo. Exquisito. «Eso lo hago para vender. Es una ayudita para la economía». Termino el café y dejo el resto del cake para después. Comienzo mi ronda habitual por los espacios en busca del mejor lugar para los retratos. No hay electricidad y Olimpia vive en un apartamento interior, sin balcón ni ventanas a la calle. Así que el tema de la luz es delicado. Se me ocurre comenzar en su dormitorio, donde la claridad que entra por el pozo de luz del edificio se desliza hacia el interior a través de una gran ventana. Pero sin dudas, la suerte no me quiere abandonar por estos días, e instantes después se escucha el traqueteo del refrigerador y todos los bombillos de la casa se encienden al unísono. «¡Vino la luz!»
Olimpia estudió Lengua y literatura francesas porque «siempre me interesaron las lenguas y el francés es muy glamoroso». Luego de graduarse en 1981, entró a trabajar en Agence France-Presse hasta la jubilación. Su pensión hoy es de 4250 pesos, al cambio actual alrededor de 8 USD. Durante más de 41 años tradujo para la agencia infinidad de informes y textos del francés al español. «Me hubiera encantado conocer Francia, pero los franceses nunca me invitaron y yo, de mi salario, imposible». Por lo menos, tuvieron un lindo gesto cuando llegó su retiro y la agencia le obsequió un bono en reconocimiento. «Con eso aproveché y compré las cosas que iba a necesitar para esta tercera etapa de mi vida: equipos para la cocina y el rikimbili. Fue una tremenda ayuda». Me quedo con la palabra rikimbili retumbando en las entendederas. Hasta a mí, que soy cubana, no me queda claro qué es. «Te explico: usualmente, un rikimbili es una bicicleta a la que se le adapta un motor, que puede ser de motosierra o de cortacésped, y se le instala una botella de plástico como depósito para la gasolina.» Entonces me doy cuenta de que ya he visto unos cuantos rikimbilis por la ciudad. «Para mí es muy práctico, porque yo hago mis cakes y me voy en el rikimbili por ahí y los vendo. Así le agrego algo al retiro. Con estos tiempos, es una gran ayuda». Imagino que tiene mucho éxito con sus cakes caseros, porque este que me ofreció es una delicia. «Nunca tengo un surtido fijo. Cada vez hago un cake diferente. Hay que adaptarse a lo que hay».
Lo que más me impacta de Olimpia es su robustez. Además, ha nacido para posar. No hay sobresaltos en ella; nada parece forzado. Sabe sostener la mirada hacia la cámara y dominarla. Cuando nació, en el año 59, su padre, devoto del Santo Cristo de la Agonía de Limpias, le puso Olimpia para que su nombre se acercara lo más posible al del santo. Aquel impresionante monumento a Jesucristo de tamaño natural, atribuido a un escultor gaditano desconocido, se erigió en 1700 en la iglesia de San Pedro de Santander. Un gran mito en torno a la figura comenzó a difundirse por el mundo cuando unos fieles contaron haber visto cómo el Cristo cobraba vida, movía los labios, miraba a los asistentes y derramaba sudor y lágrimas… Seguramente el padre de Olimpia nunca habría imaginado que poco tiempo después del nacimiento de su hija, comenzaría en Cuba una cacería atroz contra la iglesia y los religiosos. «Yo fui militante de la juventud, hice guardias, participé en muchas tareas, entregué mi tiempo y mi juventud…» Hace una pausa que retumba en aquel recinto en el que solo estamos ella, mi cámara y yo.
En la puerta del segundo dormitorio hay calcomanías pegadas que dicen: „World Map – Tattoo Studio“. Le pregunto si puedo entrar. «¡Sí, claro!» Hay varias pinturas colgadas en las paredes; en el estante, libros, entre otros, sobre arte y estética, historia… Pienso: aquí vive un artista. «Todas estas son obras de mi hijo; es pintor». Saca del armario una gran carpeta de cuero de vaca crudo. «¡Mira su trabajo de graduación en San Alejandro!». ¡Hombre, San Alejandro!, la academia de arte más antigua y prestigiosa de Cuba. La carpeta guarda 12 dibujos hechos con tinta que representan carencia, soledad, sublevación, oscuridad, censura, hambre, obediencia, añoranza, huida, desespero… «Es todo un poco dark». Sí, es cierto.
José Ariel, su único hijo, tiene 39 años. Terminó sus estudios en 2023 y, un año después, se fue a Montevideo con su novia. «Él salió de aquí correctamente, como debe ser. Con su boleto de avión y su visa». En Uruguay enseguida encontró empleo en un estudio de tatuajes. Ese tiempo allí le sirvió para acumular experiencia, aprender a llevar un negocio y, ahora, ya lo hace de manera independiente. «Su estudio se llama World Map – Tattoo Studio. La novia es ortesista-protesista y también consiguió trabajo enseguida.» El empobrecimiento sostenido en Cuba desde hace más de seis décadas ha provocado un éxodo progresivo hacia las más diversas partes del mundo. Uruguay se ha convertido en una nueva tierra de oportunidades para los cubanos, que comenzaron a asentarse en aquel país a principios del milenio. Hoy se registran ingresos récord y, con casi 14 mil solicitudes, los cubanos se consolidan como la comunidad extranjera con más tramitaciones de cédulas de identidad en el país. Desde que José Ariel se fue en el 2024, no lo ha vuelto a ver.
No quiero robarle más tiempo a Olimpia. Debe tener tareas pendientes y querrá aprovechar que hay corriente. Así que voy juntando mis aparatos y poniéndolos en la bolsa. Trípode, reflector, lentes… Coloco los muebles y todo lo que moví en su lugar correcto, y me aseguro de que no se me olvide nada. Me siento en el sofá para finalmente saborear el último bocado del delicioso cake hecho por Olimpia, y de repente, todo se oscurece. «¡Otra vez, la dichosa luz!»
Habana – Zúrich, diciembre 2026














